Del Quórum de los Doce Apóstoles C.G Octubre 2011
A medida que estudiamos, aprendemos y
vivimos el evangelio de Jesucristo, la secuencia es a menudo instructiva.
Consideren, por ejemplo, las lecciones sobre las prioridades espirituales que
aprendemos del orden en que ocurrieron los principales acontecimientos cuando
la plenitud del evangelio del Salvador se restauró en estos últimos días. En la
Arboleda Sagrada, José Smith vio al Padre Eterno y a Jesucristo y habló con
Ellos. Entre otras cosas, José se enteró de la verdadera naturaleza de la
Trinidad y de la revelación continua. Esa majestuosa visión dio paso a “la
dispensación del cumplimiento de los tiempos” (Efesios 1:10) y constituye uno
de los acontecimientos más importantes de la historia del mundo.
Aproximadamente tres años después, la noche
del 21 de septiembre de 1823, en respuesta a una ferviente oración, la
habitación de José se llenó de luz hasta que “quedó más iluminada que al
mediodía” (José Smith—Historia 1:30). Un personaje se apareció al lado de su
cama, llamó al muchacho por su nombre y declaró “que era un mensajero enviado
de la presencia de Dios, y que se llamaba Moroni” (versículo 33); él instruyó a
José en cuanto a la salida a la luz del Libro de Mormón, y después citó del
libro de Malaquías, del Antiguo Testamento, con una ligera variación en las
palabras que se utilizaron en la versión del rey Santiago: “He aquí, yo os
revelaré el sacerdocio por medio de Elías el profeta, antes de la venida del
grande y terrible día del Señor.
“…Y él plantará en el corazón de los hijos
las promesas hechas a los padres, y el corazón de los hijos se volverá a sus
padres. De no ser así, toda la tierra sería totalmente asolada a su venida”
(versículos 38 y 39).